Crítica de ‘El primer hombre’: De la Tierra a la Luna con Chazelle y Gosling

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“Sois unos críos, no tenéis nada bajo control”. Alto y claro, y muy enfadada, le dice Janet Armstrong (perfecta Claire Foy, a pesar de un papel no tan profundo) al jefe de la misión del Apolo 11 (Kyle Chandler, mejor secundario hoy) en El primer hombre (First Man). ¿Qué se puede tener bajo control en la exploración espacial, en el primer aterrizaje en la Luna, después de ver cuántos compañeros se quedaron por el camino en el intento de llegar hasta aquí? Ni la ingeniería, ni los números están 100% controlados; y mucho menos la curiosidad, la arrogancia y la ambición están bajo control. Estos tres últimos son los ingredientes básicos de estos hombres que miran más al cielo que a la tierra que pisan, tal y como los retrata el cineasta Damien Chazelle.

Todos hemos visto esas imágenes en blanco y negro en las que Neil Armstrong pisaba la Luna por primera vez. Ahora, Chazelle y Ryan Gosling quieren que experimentemos, casi a modo de documental, cómo fue esa histórica misión. Se entrevistaron con familiares y astronautas, se documentaron, viajaron a Houston, Cabo Cañaveral y se adentraron en cada recoveco que encontraron. Todo para llevar al espectador a los años 60 y transmitir cómo era estar dentro de la misión.

Intentando descifrar el rostro inerte de Neil Armstrong (clavado Gosling), el director de La La Land vuelve a esa controvertida (y muy americana) idea del sacrificio profesional, de la realización por encima de la vida personal. A pesar de las muertes a su alrededor, de los millones gastados, hay que seguir. La película trata de capturar el misterio y lo inabarcable de la situación. Gosling y Chazelle trabajaron exhaustivamente en recrear las escenas domésticas entre Neil Armstrong y su esposa Janet con el mayor realismo posible.

“Me llamó mucho la atención el hecho de que, siendo una de las personas más famosas de la historia, no sabía nada sobre Neil Armstrong. Tanto él como su esposa eran personas muy reservadas y lograron que la atención recayera en la misión espacial. Pero, mientras tanto, ¿qué pasaba en su relación? Eso me interesó mucho”, cuenta el canadiense.

Aunque, temática y moralmente, Chazelle sigue cercano a sus anteriores filmes, formal y técnicamente es un auténtico despegue y disfrute. Por un lado, en tierra firme filma todo en 35 mm, muy cerca de cada rostro, fijándose de nuevo en los detalles, dejando la luz colarse, casi como un documental. Por otro, en la salida al espacio, en el lanzamiento del Apolo 11 y la llegada a la Luna se pasa a IMAX y 16 mm. El cineasta apostó por usar estas cámaras en un simulador 3D donde los actores, sufriendo todos los temblores y golpes que se ven en la cinta, rodaron las escenas donde manejan la nave.

Después de la ensordecedora salida de la nave y del viaje por el espacio, el aterrizaje y aquel primer paso de un hombre en un silencio absoluto sobrecogen. Si los minutos antes la historia se volvía fría (y hasta aburrida), en esos momentos finales El primer hombre se cuela rápido entre las mejores escenas del espacio exterior. Aquí sí, se ve que Damien Chazelle lo tiene todo bajo control.

https://www.20minutos.es/noticia/3462183/0/critica-cine-primer-hombre-first-man-chazelle-gosling/

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